La Décima

Este estilo musical se caracteriza por cantarse en base a textos en forma de estrofa de diez versos octasílabos y de rima 1-4-5; 2-3; 6-7-10 y 8-9, es decir, dos redondillas unidas por versos pareados, de los cuales el primero rima con el último de la primera redondilla y el segundo con el primero de la siguiente redondilla.

Se dice que la décima se originó en el siglo XV, cuando poetas de la corte de Juan II de España, tales como el Marqués de Santillana y Juan de Mena, la utilizaron en su forma más primitiva. A fines del siglo XVI el poeta, novelista y músico andaluz Vicente Espinel compuso y difundió el género de la décima de la manera más parecida a la actual. A la décima también se le conoció con el nombre de espinela, y aparece en la obra de grandes poetas como Lope de Vega y Calderón de la Barca.

El arraigo de la décima en los países hispanoamericanos es absoluto, sobretodo en Panamá y Puerto Rico, en donde es la forma poética más abundante y representativa.

En Venezuela, la décima no sólo se relaciona con el joropo
cuando el acompañamiento es con ritmo de golpe o “golpe de corrío”, sino que también está muy ligada a la gaita y el merengue criollo. Existen varias maneras de combinarla (glosa, décimas aletrilladas, pie forzado y décimas encadenadas), y su nombre cambia dependiendo de la región en la que se le utilice, por ejemplo, en el Oriente del país es conocida como trovo y en el Estado Miranda como rima en poesía.

La décima además de darle forma a gran cantidad de letras de galerones, gaitas y golpes venezolanos, también ha sido utilizada para recitar, tal es el caso de los velorios de la Cruz que se efectúan en el mes de mayo. Su contenido, ha sido clasificado por Juan Liscano en dos grandes grupos básicos: décimas a lo divino y décimas a lo humano. Las décimas a lo divino son aquellas que giran en torno a temas religiosos, como la Virgen y la Cruz, entre otros. Las décimas a lo humano utilizan el amor, las flores, la muerte y la mitología como fuente de inspiración.

GLOSA DE CARACTER SATIRICO

El día que casarme intente
le pido a Dios por castigo
que me mate de repente
y el diablo cargue conmigo.

I

Fue mi señora primera
una joven Margarita,
de una figura bonita
y un corazón de pantera.
Sé que engañaba a cualquiera
con su semblante risueño;
siendo sólo serpiente,
rayo, relámpago y trueno.
Por eso deseo veneno
el día que casarme intente.

II

Después vino Concepción,
de un proceder inhumano;
que esa no le daba un grano
al gallo de la pasión.
Creí en esa nueva unión
hallar siquiera un abrigo,
y encontré un cruel enemigo
principalmente en mi suegra,
para quien viruela negra
le pido a Dios por castigo.

III

Por tercera me casé
con una cándida Octavia;
ésta la echaba de sabia
y era igual que una pared.
Con ésta me divorcié
porque además de inclemente,
era necia, irreverente
y gritaba noche y día.
Ruego a la Virgen María
que me mate de repente.

IV

Por fortuna sucumbieron
esas plagas de mujeres
las que el fin a los placeres
de mi juventud pusieron.
Pero ya que se murieron,
yo sus nombre maldigo;
pero a cada instante digo
que antes de verme casado,
prefiero morir ahorcado
y el diablo cargue conmigo.


Informante: Nemesio Pérez. Cúa, Estado Miranda. Colector: Gustavo Luis Carrera. Publicado por Juan Liscano en “Poesía Popular Venezolana”. Editorial Suma. Caracas, 1945. Redacción: Mónica Egui.