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Los indígenas de Venezuela conservan veintisiete lenguas correspondientes a grupos como los Arawak, Caribe, Chibcha. Aunque algunos se mantienen sin clasificación. Esta riqueza idiomática fue mucho mayor pero se ha ido perdiendo poco a poco. Quedan aín en el país una treintena de tribus diferentes que conservan sus formas especiales de vida. Desde las armas que utilizan para la guerra hasta los ritos.
La diferencia despreciativa que se ha tenido durante siglos por los indígenas nos ha alejado de ellos. La expansión criolla los ha ido arriconando y quitándoles sus mejores tierras. Tanto para el cultivo como para explotar el subsuelo rico en petróleo y minerales. Ante esta invasión los indígenes sólo tenían dos posibilidades: huir a lo más intrincado de la selva lo que implicaba condiciones pésimas de hábitat o asimilar la cualtura y modo de vida del criollo, que se aprovecharía de su ignorancia de la llamada civilización para convertirlo en su esclavo.
La tierra entera venezolana está sembrada de rocas adornadas con litoglifos. Un mensaje de los indigenas que aún no ha sido descifrado. Para muchos los más bellos dibujos de los más refinados artistas de nuestro tiempo no alcanzan la calidad de esas obras.
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Los venezolanos no conocemos a profundidad la vida del indígena, y mucho mennos su pensamiento. Sus conocimientos religiosos, históricos, mágicos, etc., son conocidos solamente por algunos de ellos, a través de una tradición oral no divulgada a toda tribu. De esos conocimientos podríamos aprender mucho.
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Es difícil tomar posición ya que al aportarles nuestra forma de vida, que aún con la técnica y la ciencia no es elogiable en su totalidad, destruímos la de ellos. Incluyendo su sistema económico, social, político y religioso. ¿Será mejor lo que les pfrecemos o lo que les destruímos? ¿Desde qué punto de vista? Las mejores máquinas suponen también guerras más eficaces y mortíferas. Una vida más intensa es también más angustiada.
Nosotros llevamos milenios preparándonos para nuestro sistema; pero ellos, no. Ellos están preparados para el suyo. Tendríamos que sacrificar varias generaciones de indígenes para que fueran asimilados. No es fácil para un selvícola, de fino oído, de magnifica vista, de agilidad felina, acostumbrarse a la ciudad. Ahí estan, en las orillas de los ríos, en los claros de la selva con sus dioses, deconocidos para nosotros, sus costumbres, sus secretos inviolables.
Jamás no llamaron, jamás nos molestaron. Tratan de desconocernos, volviéndonos la espalda y es posible que tengan razón para hacerlo.
Tomado de :
Album Venezuela en Cromos
Editorial Natura S.R.L.
Editado por Caveguias
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